miércoles, 11 de enero de 2012

El asociacionismo, elites, clase y misión civilizatoria


La inscripción que algunas organizaciones asociativas hacen a fines en la segunda mital del XIX no se realizan en términos de clase. Había además una heterogeneidad: algunas incluso agrupaban a los dueños de las empresas y a sus empleados en una misma organización. El caso prototípico, señalado por Sábato, es el de la Sociedad Tipográfica Bonaerense. Las organizaciones gremiales posteriores recién se definirán en términos clasistas. También sus dirigentes mantenían relaciones fluidas con las elites políticas e intelectuales.

"Incluyó en sus propias filas a personajes de la elite local que actuaban en el ramo en calidad de editores, directores o redactores de periódicos o incluso como tipógrafos. Así, el primer presidente fue Mariano Varela, que era en efecto tipógrafo y periodista pero también importante hombre de la elite local, fundador y director de La Tribuna y , más tarde, senador y ministro de la nación... Además, la Sociedad contaba con socios honorarios, entre los cuales encontramos a figuras públicas de la talla de Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Nicolás Avellaneda, MIguel Cané, entre otros, así como a algunos personajes internacionales, como el Príncipe Federico de Prusia" (Sábato, 2002:116).

Esa asociación de empleados y dueños compartía una misión civilizatoria, la otra tendencia: propagar las luces y "las sanas ideas de los pueblos".

También surgen las asocaiciones de empresarios, la Sociedad Rural Argentina y la Unión Industrial.
Las primeras eran organizaciones de comerciantes, como los británicos que para sociabilizar e intercambiar información fundan en 1854 la Bolsa de Comercio. Transformaciones económicas internacionales repercuten y también comienza a aparecer en nuestro país el grupo de los productores rurales. Se expande la demanda de lana y en 1866 se crea la Sociedad Rural Argentina, que actuó como un grupo de lobby político frente al gobierno, puesto que se crea en un momento de dificultades de esa actividad productiva y sus dirigentes se van a posicionar como los que aspiraban a modernizar la producción y defender los intereses del agro y de sus actividades, con una explícita conciencia de que para liderar ese proceso deben formarse políticamente y actuar como tales. Sus miembros eran parte de las elites locales y se manifestaban preocupados por el interés colectivo.
Este punto es central, puesto que según la misma Sábato, la tendencia ya en las primeras décadas del XX pasa por la explicitación de promoción de intereses sectoriales más claros, y no aparece tanto esta prédica por lo colectivo.Tenían una aspiración de representar al conjunto y estaban interesadas en la prensa, en el diálogo con la sociedad, etc.Que en el XX será más fragmetnado. "aunque muchas instituciones siguieron mostrando una composición social heterogénea, otras definieron su reclutamiento de manera más horizontal, recortando un perfil específico.En muchos casos ese recorte era, además, explícito, y la adscripción  de clase se hacía manifiesta. La defensa sectorial de intereses se convertía así en un objetivo central de esas asociaciones". Además, "todas ellas mostraban procesos de diferenciación interna, formación de dirigencias y establecimiento de jerarquías en su universo societal" (165).
Es decir, que ya en el 1920 un Estado se había consolidado e intervenía en la sociedad, al mismo tiempo que la "sociedad civil fue mostrando el rostro de la diversidad" (165) y las relaciones entre ambos se compljiezan, y el discurso del interés general pasa a ser un discurso más del Estado frente a las asociaciones.

Una interesante inflexión es que en algunos casos estas asociaciones buscaron el financiamiento del Estado. Sábato describe esto para el caso del Círculo Médico, pero también para las actividades filantrópicas del Patronato.

Las elites culturales/intelectuales también conformaron asociaciones que tenían intereses nacionales (o así los planteaban, y además obtenían financiamiento del Estado). Sábato describe el caso de la Sociedad Científica Argentina, creada en 1872. "Interesada por la afirmación territorial de la Argentina, promovió viajes de reconocimiento, exploración e investigación en zonas alejadas, en particular en la Patagonia (...) Al mismo tiempo se ocupó del estudio y fomento de la industrialización, la expansión de las vías de comunicación (ferrocarriles y carreteras) la construcción de sistemas de irrigación, entre otros emprendimientos (Sábato, 2002: 123). Allí estaban Zeballos, Francisco Moreno, Justo Dillon, Luis Huergo.

Las elites también se reunían en clubes o instituciones creadas específicametne para la sociabilidad, el ocio, los entretenimientos. Los más emblemáticos son el Club del Progreso, el Club del Plata, el Club Los Negros y el Naval y Militar (1881), el Jockey Club (1883( y el Club de Gimnasia y Esgrima (1885). El Club del Progreso fundado antes, en 1852, por Diego de Alvear para establecer lazos que unan a la elite porteña también puede haber sido un antecedente de CUBA y del resto de los clubes.
Según Sábato "todos ellos fueron fundados con el propósito de fomentar la sociabilidad entre las gentes acomodoadas de las respectivas ciudades y se constituyeron en lugares de reunión, contacto, intercambio y diversión de hombres y mujeres de las clases propietarias. Allí se cultivaba el arte de la conversación sobre todo masculina. Entre los hombres circulaba la charla y la información, el intercambio entre pares. Como decían los fundamentos del Club del Orden, éste era "un ensayo práctico del principio de asociación" que propendería a "estrechar los vínculos fraternales de sus miembros". Había también, una veta cultural, biblioteca, conferencias y tertulias " 2002: 124

Otro tipo de asociación elitista que se expandió fue la masonería, que eran anticlericales, pacifistas, abogaban por la igualdad del hombre y la mujer y desarrollaban actividades filantrópicas (128)

"Las formas asociativas -las permanente y las efímeras-, trascendían sus objetivos específicos, pues no sólo buscaban cumplir con los fines particulares, sino que aspiraban a inscribirse en el movimiento progresivo que suponía el asociacionismo como propuesta civilizatoria" (Sábato, 2002:130)
"Para las elites republicanas y liberales que dominaron el Estado en esas décadas, el asociacionismo constituía un rasgo civilizatorio que debía ser alentado y las libertades de reunión y opinión aparecían como pilares fundamental de las institcuiones de la República" (Sábato, 2002: 131)

Además, según ha revelado la misma autora las asociaciones atravesaban a sectores diversos social y culturalemnte, hasta a mujeres, jóvenes y niños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario